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Opinión - 05/03/2010
Por Rodolfo Bernat
Lo que hace que el ser humano a través de todas las épocas haya logrado superarse y crecer, es el reconocimiento del otro. Lamentablemente, la señora presidente de todos los argentinos, desde este lugar del mundo, hace añicos ese concepto, para instalar en su lugar el reconocimiento a partir de la verdad propia, única e indiscutible.
Como la esperanza es el motor que nos impulsa a creer que, la peor de las tempestades siempre es pasajera con relación al buen tiempo, con sol y cielo límpido, en la columna anterior, manifestaba un deseo que seguramente es compartido por millones de argentinos: terminar con el país de la confrontación, el pensamiento único y la "prepotencia" política, para volver una vez más, a ser la nación unida y hermanada en un solo objetivo, el desarrollo, grandeza y realización de todo el pueblo. Con consensos y disensos, expresados no para confrontar y sí para compartir la realización de los grandes lineamientos políticos-económicos, que nos sitúen nuevamente dentro del conjunto de naciones que han sabido encontrar, los medios para crecer y desarrollarse en armonía.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner ha elegido no solo continuar, sino también profundizar el camino que inaugurara Néstor Kirchner en 1983. Para ello eligió como escenario, nada más ni nada menos, el recinto que cobija a todos los mandatarios legislativos, que representan la voluntad absoluta de sus mandantes, el Pueblo de la Nación. Lanzó sin lugar a réplicas, la existencia en un mismo territorio de dos países, el real y el virtual y mediático.
Aparentando tener la posesión de la verdad absoluta, la presidente definió con precisión, quienes integran el país real: ella, su esposo, sus seguidores y el sector del pueblo que los voto. Mientras que en el país virtual ubico, a toda la oposición política, al empresariado que no comparte sus criterios y metodologías, al campo en su conjunto al que acusan de ser los iniciadores de todos sus males, al sector de la justicia que pretende mantener su independencia para poder cumplir su cometido, a una prensa que más allá de la consideración particular que nos merezca, no comparte la idea del pensamiento "único y sacrosanto", a un clero que se niega a compartir en silencio estadísticas distorsionadas y que los obliga a cumplir con su misión de denunciar las injusticias a favor de los más carentes y desamparados, para que aquellos que tienen en sus manos los recursos que el Estado les provee, implementen las medidas para solucionar las mismas. A miles y miles de ciudadanos y ciudadanas que a lo largo y ancho del país, claman contra la inseguridad, la corrupción, la falta de programas de salud integrales, la carencia de programas educativos que además de proveer conocimientos, devuelvan a niños y jóvenes estudiantes los lineamientos de los valores éticos y morales, que hicieron de nuestro pueblo, uno de los más respetados del mundo, la defensa de los derechos humanos, de la niñez, de la clase pasiva, de los discapacitados, en general y no tan solo para algunos sectores, la implementación de un sistema que promueva seriamente el trabajo digno y auténtico y no planes sociales que solo acrecientan el asistencialismo degradante y el clientelismo político de aquellos que manejan esos planes, y para sintetizar esta lista de los que ocuparían el país virtual, que para completarla nos llevaría carillas y más carillas, no se puede dejar de ubicar la mayoría del pueblo que el 28 de junio de 2009, le dijo "NO" con su voto a ese "modelo" tan alabado por el oficialismo, pero que definitivamente los argentinos desaprobaron.
Queda entonces una pregunta que es clave: ¿No estará equivocada la señora presidente al invertir quién es quién en el país real y en el virtual? Aunque no lo acepte, como es su costumbre, la presidente se equivoca, es ella y su sector los que habitan el país virtual.
El país real es el otro, el que reclama desesperadamente el cambio de rumbo de la política oficialista, el que no soporta más las estadísticas mentirosas del INDEC, ni la prepotencia ni el matonismo de algunos funcionarios o grupos "piqueteros" o sindicales adscriptos al oficialismo que se financian con los tributos que pagan todos los habitantes de la Nación; el que está de acuerdo con la división de los poderes en Ejecutivo, Deliberativo y Judicial y no, que integrantes del Poder Ejecutivo, directa o indirectamente, se crean con derecho a tener "la suma del poder", contrariando lo que claramente indica la Constitución Nacional, que hasta hace poco solo era desconocida por los gobiernos de facto, pero nunca por un gobierno democrático. ¿Cómo es posible que en un país como el nuestro que se ha visto sometido, tantas veces por gobiernos militares que quebraron las instituciones por la fuerza, haya políticos de la democracia, que pretendan usar los mismos métodos?
Lo hecho por la presidente Cristina Fernández de Kirchner, en la apertura de la 128º período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, es algo que no registra antecedentes en nuestra historia política, y que seguramente pasará a engrosar la misma, no precisamente como un buen ejemplo.
Llegó al recinto para emitir su discurso ante la Asamblea Legislativa, para dejar inaugurado el período 2010. Después de asumir la actitud de Fiscal de la Nación, desde donde prácticamente no quedó un espacio de la sociedad que no cayera bajo la crítica acérrima de la presidente, ya que solo rescató como positivo lo hecho desde 2003 hasta aquí por su esposo y por ella, "saco la carta oculta de la manga". Con naturalidad anunció la derogación del DNU 2010/09 (Fondo del Bicentenario), que mantuvo al país en vilo durante todo el mes de enero, por el propósito del Poder Ejecutivo, de hacerse de las reservas del Banco Central, a toda costa e incluso "expulsando" al presidente de la entidad, Martín Redrado. ¿Acaso asumía la derrota? Nada de eso; "tras cartón" anunció con firmeza que había firmado dos nuevos DNU, que en la práctica suplantan al derogado. Pocos minutos después finalizaba, su discurso saludando con la "V" de la victoria. Es evidente que la presidente Cristina Fernández, emulando al emperador Julio Cesar, no quiso escuchar el vaticinio. ¿Qué habrá experimentado la presidente argentina, cuando poco después, escuchando el discurso del nuevo presidente de Uruguay, José Mujica, debió asimilar conceptos como estos; "SEREMOS SERIOS EN LOS GASTOS, EN LA POLITICA FISCAL, EN LA POLITICA MONETARIA… SEREMOS MAS QUE SERIOS, SEREMOS PERROS EN LA VIGILANCIA DEL SISTEMA FINANCIERO" … "VAMOS A BUSCAR EL DIALOGO, NO DE BUENOS O DE MANSOS, SINO PORQUE CREEMOS QUE ESTA IDEA DE COMPLEMENTARIEDAD ES LA QUE MEJOR SE AJUSTA A LA REALIDAD DE HOY" … "ES INUTIL QUERER NIVELAR HACIA ABAJO: LA GENTE CLAMA POR LO CONTRARIO".
Hoy 3 de marzo, el kirchnerismo ha perdido la mayoría en el Senado y en la mayor parte de las comisiones que lo componen. Habría que haberse guardado de "los idus de marzo".