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F.Varela.
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Opinión - 08/03/2010
pOR HECTOR R. CATALDO
Un concejal pidió al tribunal de Cuentas Provincial que se aboque a la investigación de los gastos públicos en que " habría" incurrido la Comuna para solventar los gastos de viaje, estadía, almuerzos, cenas, etc., de concejales oficialistas a La Rioja y Mar del Plata, en septiembre y diciembre del año pasado. Habrá que esperar ahora que el Tribunal de Cuentas se expida sobre el particular.
No tardó mucho el Presidente del Honorable Concejo Deliberante local en responder a tal pedido por medio de una carta que apareció publicada en este diario el lunes 1ro. del corriente mes. Entre otras cosas dice el funcionario: "Estas funciones son ejercidas por todos mis colegas (oficialistas y oposición) con mayor o menor éxito dependiendo en muchos casos del carisma de cada uno".
Este vocablo -carisma- de origen griego significa, entre varias acepciones "cualidad extraordinaria que se atribuye a una persona y le confiere una superioridad de carácter ético, heroico, religioso", y también "cualidad que tienen algunas personas para atraer vivamente a las muchedumbres" (como fue el carisma que tuvo a lo largo y lo ancho de Florencio Varela el siempre recordado "Bebe" Fonrouge cuando fue concejal e intendente) cualidad que también la poseyó en gran medida en la política nacional el médico Lisandro
de LaTorre, cuyo paso por el Senado de La Nación está notablemente descripto, hasta con caricaturas, por Ramón Columba en su obra "El Congreso que yo he visto", aparecida en 1978 en tres tomos, cuya lectura recomiendo cordialmente a mis legisladores locales para sentir el calor de la política, como así también a los que son "adictos" a la lectura de nuestro pasado y de paso enterarse de la muerte incidental, en pleno recinto, del entonces flamante senador nacional por Santa Fe, Enzo Bordahebere.
Viene al caso recordar a otro concejal varelense (ya fallecido, lamentablemente, dueño de una extraordinaria oratoria, personalidad y habilidad política), el médico Rodolfo Catalá, cuyas participaciones en la discusión de los variados temas -algunos de ellos candentes- era motivo de admiración en sumo grado por los "muchachos" de la barra, sin llegar nunca a expresiones de gritos desaforados, insultos, agresiones, etc. Catalá también estaba dotado de un particular carisma, cualidad reservada tan sólo a unos pocos en la vida.
Está bien que algún diputado, senador o concejal manifieste su preocupación por los asuntos que tienen en estudio y, llegado el caso, solicitar todo tipo de información a cualquier organismo oficial o particular, siempre con la condición de tender al bien común y la felicidad general. De lo contrario, ese legislador incurriría en lo que constitucionalmente está descripto como "incumplimiento de los deberes de funcionario público", que legalmente tiene su sanción.
Entonces, tengo para mí que la inquietud del concejal Estupiñán está dentro de lo que cualquier ciudadano medianamente instruido podría considerar correcta. La cuestión que se ha suscitado en torno de los comedores escolares -aquí- también debe merecer especialísima atención y vigilancia por parte de funcionarios, legisladores, padres de alumnos, etc., de tal modo que todo transcurra en el mayor orden y también en ese aspecto de la vida de los escolares primarios. Que alguna vez, no olvidemos, tendrán que comer en sus propios hogares e ir a la escuela sarmientina solamente para aprender a leer, escribir y adquirir las nociones básicas de la lengua castellana y la historia nacional para saber cuál
es nuestra esencia moral y practicarla sin retaceos de ninguna índole.
El carisma se trae consigo mismo. No se adquiere ni con la lectura de obras doctrinales ni literarias. Es algo innato, por lo que el sujeto que lo posee tiene un rol destacado entre los demás, como fue el caso (allá en la década del 50) del inolvidable senador nacional mendocino Alejandro Mathus Hoyos, cuya voz agradable en grado sumo, finos modales y profunda versación en temas que le tocó debatir fueron la razón de ser de la silenciosa y unánime admiración de los ciudadanos que asistían a escuchar los debates en el Senado de la Nación, en los cuales también tuvo preponderancia su colega porteño Dr. Diego Luis Molinari, quien -dicho sea de paso- pronunció la célebre frase: "Las Malvinas han sido, son y serán argentinas", cuya versión taquigráfica en "separata" obra en mi poder, por cuanto es una notable pieza histórica y rica fuente de información sobre la casi eterna disputa con los ingleses de nuestro archipiélago del sur.
La defensa de la "cosa pública" es una actitud que debe ser vista con agrado por toda la ciudadanía y aplaudir, sin retaceos, a todo aquel hombre o mujer que anhela el bienestar de la gente, que debe estar en la mente y en la rutina de funcionarios y empleados públicos cuyos sueldos, viáticos y demás corren por cuenta del erario (que es el Tesoro Público).
En fin, amable lector de Varela al Día, ¿no cree usted que es una actitud ética cuidar celosamente los dineros públicos y también su justa y equitativa distribución popular?