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Opinión - 25/06/2010
Por Rodolfo Bernat
Cuenta una leyenda, que un poderoso personaje, poseedor de una incalculable fortuna, cuya base principal estaba constituida, por capitales productos de todo tipo de ilícitos con los cuales, a miles de familias de su propio país, los llevó a la ruina absoluta.
Un día El Poderoso, como era conocido dentro y fuera de su tierra, enfermo gravemente, y como el manejara siempre en forma personal sus innumerables intereses y empresas, todo aquel "imperio" comenzó a paralizarse.
Su poderosa fortuna permitió a su familia y entorno, contratar los servicios de los médicos más afamados y prestigiosos del mundo.
Fue en vano. Si bien los sabios facultativos, no podían encontrar el origen de su extraña dolencia, le recetaban tratamientos y medicamentos que no lograban en absoluto, mejorar el estado del paciente. Al contrario, el estado del enfermo, día tras día, se agravaba más .
Cierto día, llegó hasta los jardines de la mansión, un mendigo que pidió a los guardias poder hablar, con algún familiar de El Poderoso. Cuando los guardias ya se disponían a desalojar a golpes al mendigo, apareció en el jardín el primogénito de El Poderoso, quien impidió el castigo y requirió del mendigo, el motivo de su presencia en la mansión.. Este le pidió a su salvador, alejarse un poco de los soldados para confesarle su secreto. Así lo hicieron y el mendigo hablo; "Mi Señor -le dijo- yo te traigo el remedio que salvara a tu padre", "¿Tu? -respondió sorprendido el primogénito- ¿ y cuanto me costara esa receta? "preguntó con desconfianza. "Nada mi Señor", le aseguro el mendigo.
El primogénito ordenó a los guardias, introducir en la mansión al mendigo, llevarlo a la cocina para que allí, le sirvieran sopa y pan caliente, y que una vez que se sintiera satisfecho, se lo condujera nuevamente a su presencia.
Lo hicieron así los guardias y nuevamente en presencia del primogénito, el mendigo agradeció la comida y suplico se le conduzca, hasta el lecho de El Poderoso, el primogénito así lo hizo. Cuando el mendigo estuvo frente a El Poderoso, se arrodillo junto a su cabecera donde aquel dormitaba en un estado de sopor. "Mi Señor -susurro el mendigo- vengo a traerte la cura para tu mal". Sorpresivamente El Poderoso abrió sus ojos y los clavó en los del mendigo. "Dime como", ordenó El Poderoso. "Sígueme y lo veras" contesto el mendigo.
Con voz entrecortada, El Poderoso pidió a su hijo se acercase, susurrando en su oído algunas palabras. El primogénito comenzó a impartir órdenes, y poco después El Poderoso, era acomodado sobre una litera y con reducida escolta, partían bajo la dirección del mendigo.
Transcurrieron casi cuatro días, hasta que llegaron al pie de una alta montaña, en cuya cima se encontraba un monasterio. La comitiva comenzó a ascender por un peligroso sendero, que conducía a la entrada del monasterio. Debieron sortear cientos de dificultades y sufrir la pérdida de varios guardias de la escolta, pero por fin se logro el objetivo.
Ya en la entrada, los monjes que los recibieron, les informaron que solo podrían entrar al monasterio, El Poderoso y el mendigo que los condujera allí. Ante la reacción negativa del primogénito, El Poderoso ordenó, se acatase la decisión de los monjes y ya dentro del monasterio, los monjes procedieron a desnudar a EL Poderoso, y lo vistieron tan solo con una muda de ropa y un hábito. El resto de su vestimenta, pertenencias y joyas, lo colocaron en una bolsa que quedo al cuidado de los monjes.
El Poderoso , flanqueado por los monjes y seguido por el mendigo, fue llevado a la presencia del Superior del monasterio, ante quien El Poderoso, se arrodillo.
¿Vienes por tu sanación? -inquirió el Superior
"Si mi Señor" - contestó con vehemencia El Poderoso.
"¿Esta seguro que es lo que realmente más quieres?"
"Absolutamente, mi Señor", volvió a reiterar El Poderoso.
Entonces el Superior hablo: "Deberás abandonar todos tus bienes sin excepciones, porque ninguno de ellos te pertenecen y una vez que lo hagas, tu sanación será total e inmediata. Si estas de acuerdo con lo que he hablado, deberás guardar aquí con los hermanos, un retiro de cuatro días, luego de lo cual ya preparado, partirás para cumplir tu misión. Pero si es tu voluntad, no aceptar lo por mi hablado, puedes partir cuando quieras", Después de esto, El Superior se despidió.
Fue muy difícil la elección de EL Poderoso, se trataba de sus bienes materiales o de su vida. En aquellos largos meses, en los cuales su enfermedad lo consumía, vio tan cerca la Muerte, que eligió la Vida.
Terminó el retiro y volvió a su país. Reunió a su familia, sus generales y empresarios y les obsequió una exuberante fiesta. Cuando el festejo estaba en posesión del ánimo de todos, El Poderoso propuso un brindis en aprobación de la decisión que tomara y que pasó a explicar a los presentes. En la medida de que avanzaba en su discurso, el pánico se fue instalando en los rostros de cada uno de aquellos que lo escuchaban. Fueron vanos los intentos de quienes intentaron disuadirlo, "aconsejándole" dilatara su decisión para estudiarla más profundamente. Su decisión fue terminante. Levantó su copa, brindo y obligo a todos a ratificar con el brindis , su determinación. Para terminar, ordeno que en forma inmediata , se convocara dentro de 48 horas al pueblo, para comunicarles su decisión.
Al acostarse, se sentía inmensamente feliz, estaba a punto de acabar para siempre, con su grave enfermedad, antes de dormir preguntó por el mendigo, no lo había visto durante la fiesta. Le informaron que había vuelto a su sitio, fuera de la mansión. Su primogénito le dio a beber un rajante, para que tuviera un mejor descanso y lo despidió besando su frente.
Al otro día sus sirvientes, al querer despertarlo, lo notaron rígido y helado. Estaba muerto. También no muy lejos de allí, fue encontrado el cadáver del mendigo.
Los funerales de El Poderoso, tuvieron toda la pompa que su rango y condición merecía. Solo no hubo llanto.
¡Se había evitado una tragedia!
Cuantos nombres y apellidos, jugando con la imaginación, se podrían colocar a EL Poderoso y a quienes lo rodeaban. Que parecidas y reiteradas, parece ser las conclusiones.
Como surgen los lazos inequívocos, que unen al Poder, la Corrupción y la Mafia.
Queda a criterio de cada uno de nosotros, sacar nuestras propias conclusiones de los alcances y consecuencias de esta "leyenda".