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Mario Lettiere, Director Periodistico
Carlos Stephan, Director de Arte
Punto y Aparte
Editora SRL
San Juan 25
F.Varela.
Te: 4355-5555
Opinión - 12/07/2010
La abandoné y no sabía/ de que la estaba queriendo/ la abandoné y no sabía/ que el corazón me engañaba. Tango, letra de J. Canet.
El autor nos cuenta que tomó una decisión equivocada: La abandonó y no sabía de que la estaba queriendo. Ya al final dice: Y hoy que la vengo a buscar, ya no la puedo encontrar. ¡A donde iré sin su amor!
Decisión que lo ha dejado en el más desesperante sufrimiento amoroso. Dice también: La abandoné y no sabía que el corazón me engañaba. Allí la palabra corazón es una metáfora, esta en el verso en sustitución a otra apalabra. Palabra que quizá fue sustituida por no prestarse a la creencia popular, por no ser poética, si hay alguna palabra que por si sola puede ser poética. O tal vez porque el autor en realidad no sabía que fue lo que hubo en Él que lo engañó. Cuestión paradójica si la hay. Que algo que viene de uno mismo nos produzca engaño o que nos sea desconocido.
Hay otro tango que dice: Yo quiero morir conmigo/ sin confesión y sin Dios/ crucificado a mis penas/ como abrazado a un rencor. (J.Gobello) Si bien el autor niega la confesión y a Dios acepta el símbolo de la cruz a la cual se abraza. ¿Qué raro no? Que alguien se abrace al lugar del sufrimiento; cualquiera diría que habría que alejarse de un sitio u objeto donde uno es el sufriente. En cambio Él se abraza al objeto de su sufrimiento, ya sea la cruz o el rencor. Pero por sobre todo, el verso más enigmático es el que dice: Yo quiero morir conmigo. ¡Increíble! No para entenderlo, para sentirlo. "Yo quiero morir conmigo". ¿Que quiere decir? ¿Uno es dos? ¿Como si yo también fuese otro? ¿O como que el yo y algo más hacen la unidad? ¿En este caso este algo más que sería?
Discépolo dice: Decí, por Dios, ¿Qué me has dao que estoy tan cambiao, no se mas quien soy?
En realidad no le dio nada, le quitó. Pero lo extraño es que el hombre en este caso no sabe más quien es. Es como que algo de otro lugar, que Él le asigna a Ella, viene y lo transforma en alguien que el desconoce, una parte de si, un modo de si que él desconoce. Aparecemos habitados por algo que es nuestro y al mismo tiempo desconocido.
H. Manzi Dice: Vuelven tus ojos lejanos/ con el llanto de aquel día…. / Y hoy que no vale mi vida/ ni este pucho de cigarro/ recién se que son de barro/ el desprecio y el rencor. Vuelve a aparecer el: La abandoné y no sabía…. Recuerda a lo lejos sus ojos y el llanto que le causó su abandono. Tuvo que pasar mucho tiempo, estar tal vez en el ocaso de su vida para recién darse cuenta de su error. Que lo que había puesto en juego en aquel día lo dejó en una vida sin valor. Ya que estos ojos vuelven al lugar donde aun están ausentes otros ojos.
Quiero decir: ¡Que desencuentro! (C.Castillo) ¡Que desencuentro con Uno! ¿Cómo puede ser que no hagamos uno con nosotros mismos, que siempre aparezcamos divididos? ¿Cómo puede ser que nosotros mismos nos infrinjamos el padecimiento del cual nos quejamos, y a veces de por vida? ¿Cómo puede ser que aquello, tal vez, lo mas querido, se nos caiga de entre las manos?
Ese otro ámbito,- desconocido- eso que se arma a partir de la barra que nos divide; eso desconocido y al mismo tiempo central en nuestra constitución, es el inconsciente. Ese otro ámbito es el inconciente. Es el ámbito que se pone en juego en el psicoanálisis, en la sesión de análisis. Es a partir de ahí que comenzamos a saber acerca de nosotros y algo del padecimiento, del goce, cede su lugar, en parte, al campo del deseo. Ahí, la vida puede empezar a andar mejor.
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