Diario Varela al Dia

¿Qué hubiese dicho San Martín?


Opinión - 21/07/2010

Recordando a aquel gran Prócer, querido por todos... (¿Quién se atrevería a hablar mal de él? Porque Sarmiento o Moreno, de vez en cuando se ligan alguna crítica fea, pero del Padre de la Patria, nadie dice más que lo justo.) Bien, recordándolo, no podemos obviar su matrimonio con aquella damita de la sociedad porteña, la gentil Remedios de Escalada, de solo quince años de edad. Cuando la tomó por esposa, el tenía treinta. Nos imaginamos que, como se acostumbraba en aquella época, habrá pedido formalmente la mano de la joven a los padres de esta, quienes, obviamente, prestaron su consentimiento. Posiblemente, como San Martín era un joven romántico, debe haber hablado previamente con ella, porque en realidad, la costumbre de la época era saltearse por completo la opinión de la novia, salvo en el momento de dar el sí en el altar, cosa que estaba obligada a hacer si sus padres habían dispuesto que lo hiciera. Pero... pensándolo bien, de haber pasado todo eso en nuestros días, al benemérito prócer lo hubieran detenido por acoso a una menor de edad, si le hubiera hecho a ella la proposición, y si hubiera ido directamente a lograr el consentimiento de los padres, posiblemente estos hubiesen sido acusados por abuso de autoridad o coacción a su hija menor de edad. Un merengue, hoy día, si es que alguien de treinta quiere casarse con alguien de quince. Buen, un tema para repasar ahora, que llegados al summum de la modernidad, admitimos el matrimonio de cualquiera con cualquiera. Ah, volviendo a lo que dije los otros días, de acuerdo con las nuevas normas, el matrimonio no existe más. ¿Cómo deberíamos llamarlo? ¿El homomonio? ¿El equanomio?
Como no hace falta determinar el sexo de los contrayentes, no sería raro que de pronto nos encontremos con un matrimonio heterosexual, donde alguien nacido varón, quien ahora ha adoptado el sexo femenino se case con una señorita que ha decidido ahora ser un señor. Llegado el punto de la adopción, pueden surgirle las dudas al adoptado sobre cuál de sus papás (o de sus mamás) será el que lo lleve al partido del futbol y cúál, a la academia de danza clásica.
Y llegado el posible momento de un divorcio, que puede ocurrir tanto entre los hetero como entre los homo, el niño podrá optar entre papá y papá o entre mamá y mamá. Es decir, que el hijo, puede quedarse con cualquiera. Pero llama la atención ver cuántas parejas... vulgares, por así llamarlas, bregan durante años para lograr la adopción de un bebe, siendo la estabilidad económica la principal razón para calificar, y la salud mental la segunda en importancia. De lo cual puede deducirse que las parejas pobres, que no se han casado porque no han encontrado trabajo estable, ni tienen casa, ni ha completado sus estudios, seguirán teniendo hijos en la forma históricamente más conocida: A la buena de Dios. La fertilización asistida, el alquiler de vientre, la adopción legal, seguirán siendo para la gente de mayores recursos, bastante minoritaria, para la que se realizan leyes que conemplen sus necesidades y algún que otro capricho, y los de menores recursos, con un poco de suerte, recibirán variados y reciclados subsidios para amortiguar el maltrato al que la sociedad los somete. Para solucionar esas cosas de las mayorías, tales como la Libertad, la seguridad, la paz, sin las cuales es imposible construir una Nación, y volviendo a la memoria del Padre de la Patria, tendríamos que saber que tomó varios recaudos que deberíamos estudiar más en profundo que el simple "cruzó los Andes para liberar tres Países". Aunque si viviera en estos días, posiblemente estaría envuelto en un juicio por abuso de menores. ¿Si la menor no acusa al mayor que le hace proposiciones, no es abuso? Pero lo puede denunciar cualquier vecino.
Conformémonos. Aunque quedamos afuera del mundial, cosa que hubiera resuelto la mayor parte de los problemas argentinos, ahora nos asomamos a otra posibilidad de que en este País todos puedan ser inmensamente felices, sin discriminaciones inoportunas, eliminando barreras infranqueables de la antigüedad. Así me lo hicieron pensar los miles que salieron a festejar el avenimiento de la nueva ley.
Muriel Ochoa.



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